Perspectiva

“El Estado hoy no conoce otro modo de actuar sobre la cultura si no es privatizándola” Sebastián Pérez

 

Desde el año 2006, cada 11 de mayo se celebra en Chile el Día Nacional del Teatro, con el fin de conmemorar el natalicio del actor y director Andrés Pérez Araya. Como Núcleo queremos aprovechar esta instancia para inaugurar una nueva sección de nuestro wordpress, dando cabida a creadores, gestores, investigadores y críticos que se hacen parte de la discusión sobre el arte y las prácticas culturales desarrolladas en Chile. El objetivo de ‘Perspectiva’ es generar espacios de difusión, reflexión y encuentro entre los distintos agentes del campo de la producción artística, y del campo académico sobre la realidad cultural de nuestro país.

En esta primera edición nos comunicamos con Sebastián Pérez, magíster en Artes de la Universidad de Chile y director de la revista de artes escénicas Hiedra, para comprender la llamada ‘crisis de los teatros’. Los y las invitamos a leer esta primera publicación, y compartir al final de ella sus comentarios, perspectivas e ideas.

……….

Durante los últimos años, se ha plasmado en la prensa y en las redes sociales una idea de que el teatro chileno, o los teatros chilenos, se encuentran ‘en crisis’ ¿Por qué se plantean estas opiniones?

Para entender esa idea de crisis sería fundamental referirse al rol de las redes sociales durante 2013, cuando el Teatro del Puente anunció su cierre por falta de financiamiento. Ahí fue la viralización de la campaña de apoyo al teatro la que jugó un papel trascendental porque modificó la agenda de la propia Municipalidad de Santiago. Solo a condición de esta viralización, -potenciada luego por los medios de comunicación que no tardaron en hacer aparecer la idea de una crisis generalizada y terminal-, se reconoció al Teatro del Puente como un espacio “emblemático”, apoyándolo con financiamiento.

Sin embargo, el costo de esa viralización fue la instalación de una idea (la de crisis) que pronto se volvió sentido común, haciendo pasar por obvio lo que no es. Porque lo importante era actuar, había que encontrar una solución sin detenerse demasiado tiempo en entender el origen del problema. Esto es lo malo de plataformas como Facebook, Twitter o Instagram: llaman a la acción, no a participar. Por eso, no sé si estos son espacios realmente democráticos.

El punto es que frente al éxito de espacios nodales para la circulación de las obras de teatro como el GAM (que este año además construye su segunda etapa con una sala de teatro para dos mil personas), Matucana 100 o la Estación Mapocho, cualquiera diría que hay un error de diagnóstico al afirmar que los teatros chilenos están en crisis. Y eso que no mencionamos los 33 centros culturales ya inaugurados a lo largo de Chile o los próximos 10 por inaugurar.

En realidad, lo que en 2013 sucumbió fue una modalidad específica de producción teatral, la del llamado “teatro independiente”. Se trata de espacios que viven a medio morir saltando, sin financiamiento directo, sin posibilidad de autosustentarse, de atraer inversionistas privados, publicidad o filántropos. A lo único que pueden recurrir es a los fondos concursables.

Pero hoy muchos teatros independientes se han vuelto –paradójicamente- más dependientes que nunca del Estado y la concursabilidad. Ya no solo a causa del Fondart y su neurótica lógica de tener que demostrar una y otra vez, año tras año, que tu proyecto necesita ser financiado, sino del nuevo programa de “Otras Instituciones Colaboradoras” (OIC), una fórmula de financiamiento ideada por el CNCA para entregar recursos, precisamente, a estas salas y teatros. De todos modos se trata de una solución paradojal, porque al mismo tiempo que extiende la vida de una institución, la precariza al volverla dependiente de la continua búsqueda de recursos.

Entonces, como lo que importa es sobrevivir, es prácticamente imposible que podamos discutir algo más que el modo de paliar la crisis. Y cuando no se puede hacer nada, la aceptamos como una condición de vida, la volvemos cotidiana y decimos que vivimos en crisis, lo que es insólito porque por definición una crisis no puede ser ordinaria. ¿Cómo y por qué llegamos a naturalizar tanto la idea de crisis hasta hacerla familiar? Esa es la pregunta que nos falta responder.

¿Desde cuándo podemos identificar esta situación, y a tu parecer, cuáles serían las causas que la habrían provocado?

A mi juicio la principal causa es la mirada que tiene el Estado sobre el desarrollo cultural y artístico del país. Ha sido el Estado el que ha construido desde los 90’ hasta hoy una mirada de la cultura sostenida en su privatización. Pero no se trata simplemente de que el teatro se mercantilice en términos clásicos, porque el mercado ha sido irrelevante en este medio. Lo central es que, como bien ha notado el profesor Carlos Ossa, ha sido el Estado el que ha creado el mercado a través de la corporativización de la cultura. ¿Qué tienen en común el GAM, la Estación Mapocho y el nuevo teatro del Bío-Bío? Que son todas corporaciones de derecho privado predestinadas a cumplir un rol central en el desarrollo cultural del país. El Estado hoy no conoce otro modo de actuar sobre la cultura si no es privatizándola, dando subvenciones, otorgando fondos concursables, etc. Por eso CorpBanca recibe 150 millones de pesos vía Fondart. Una locura. 

¿Cuáles han sido las respuestas del sector gubernamental, y de los propios teatristas, ante esta situación?

De parte de los gobiernos de turno, ha habido respuestas cortoplacistas llenas de buenas intenciones, pero que replican como solución lo que en realidad es el problema. Vuelvo al programa OIC que mencioné antes. También pienso en el proyecto de ley para subvencionar ciertas salas por antigüedad, pero eso está hoy en nada. No hay hoy una intención por parte del Estado de dar una real solución, porque eso implica operar bajo otra lógica distinta al actual modelo.

Frente a esto los teatristas por sí solos poco pueden hacer. Incluso si se comprometieran realmente en una especie de movimiento organizado y politizado, se necesitaría de un pacto social enorme para generar los cambios radicales que requiere este modelo. Soy pesimista al respecto, pero de algún modo creo que hay que serlo. El discursillo optimista sobre la cultura nos tiene donde estamos hoy. Solo nos inmoviliza.

¿Consideras que las medidas tomadas por los distintos agentes culturales han sido eficaces a la hora de frenar o revertir la crisis?

Claro, ha sido eficaz en el sentido de corregir las fallas de un modelo que siempre deja un excedente de error, de falla. El problema es que esas medidas son las que precisamente le dan continuidad. Por eso me parece tan nefasta la retórica de la gestión cultural. Porque hoy su función no es otra que administrar un modelo centrado en el crecimiento diseñado por economistas, abogados e ingenieros. ¿Qué entienden ellos por crecimiento? ¿Qué crece cuando crece el arte y la cultura? Eso no se discute. Yo daría mi reino por un gestor cultural que tensione un poco el discurso neoliberal del Estado sobre la cultura.

A tu parecer, ¿cuál es la salida a esta crisis? ¿En manos de quién se encuentra la posible solución?

Es difícil responder qué hacer. De hecho, desconfiaría de quien venga con la receta, que venga a decir que la respuesta es aumentar el consumo, producir demanda, hacer obras de calidad, bajar precios, etc. Toda esa retórica no ha hecho más que asegurar el bienestar neoliberal que cree que lo fundamental es asegurar el acceso a la cultura, sin importar si eso es comprando entradas al teatro en el mall, haciendo desfilar un carnaval de globos de helio por la Alameda o viendo la última obra del director de cine que probó suerte en el teatro.

Lo que sí tengo claro es que cualquier solución real, perdurable, debe implicar cambiar las condiciones laborales de las y los teatristas para mejorarlas, no para degradarlas como sucede hoy. Si no somos capaces de asegurar esto, cualquier solución será un fracaso.-

Foto seba

Sebastián Pérez Rouliez: Actor U. Mayor. Diplomado en Periodismo Cultural y Crítica U. de Chile, Magíster © en Artes, Mención Teoría e Historia del Arte U. de Chile. Crítico teatral y director de la revista de artes escénicas Revista Hiedra.

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Un pensamiento en ““El Estado hoy no conoce otro modo de actuar sobre la cultura si no es privatizándola” Sebastián Pérez

  1. El estado tiene q construir, financiar, mantener, promover, emplear y encima resolver la crisis, q segun el entrevistado, no tiene solución aparente. Así, palos porque bogas y por que no bogas. Sin propuesta, autocritica, ni explicación sencilla o clara de porque, todos y cada uno de los habitantes de nuestro país, debemos subsidiar su labor

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